Mi madre repetía que una buena vida consistía en disponer de tres cosas: Salud, dinero y amor. Y, a veces, hasta lo cantaba: «Tres cosas hay en la vida. Salud, dinero y amor. Y el que tenga estas tres cosas. Que le dé gracias a Dios». Desde que en 1967 esta canción de Cristina y los Stop se convirtiera en un super éxito, los españoles nos pedimos los tres deseos. Aunque el día en que no nos toca el Gordo de la Lotería de Navidad, manifestamos conformarnos solo con el primero.
Pero, ¿disponer de salud, dinero y amor nos hace más felices; o es lo contrario y resulta que los más dichosos atraen esas tres gracias? ¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? La correlación entre felicidad y esas tres bendiciones está más que demostrada, pero convendría probar qué es la causa y qué el efecto. Los estudios indican que las personas dichosas atraen el éxito en todas las facetas de su vida, incluyendo la salud, el trabajo, el dinero, las amistades o el matrimonio.
La dicha precede al éxito. Los jóvenes que son más dichosos al entrar en la universidad, 19 años más tarde ganaban más dinero, estaban más satisfechos en el trabajo y era menos probable que estuvieran en el paro que la media. Aquellos que al incorporarse al trabajo se mostraban más alegres, no solo obtuvieron mejores evaluaciones de sus superiores y más aumentos salariales, sino que se integraron mejor en sus equipos y recibieron más apoyo de sus propios compañeros. El 90% de las monjas que estaban entre el 25% de las que con más positividad entraron a la orden de las School Sister of Notre Dame aún vivía a los 85 años; sin embargo, solo lo hacía el 34% de las que se encontraban en el cuartil de las más pesimistas. No conviene olvidar que los resultados de todos los estudios hablan de promedios, tan obvio es que ser una persona feliz de joven no te garantiza un futuro soleado, como que haber sido un joven apagado te condene a una vida adulta borrascosa.
La salud mental es parte fundamental de nuestro bienestar y las personas más felices padecen menos enfermedades psicológicas. La dicha no solo nos aparta de la depresión y la ansiedad, también nos aleja de la hipocondría o la esquizofrenia y de ser presa de comportamientos adictivos —drogas y alcohol— o conflictivos —delincuencia. Las personas que suelen estar enfadadas, tienen muchas más probabilidades de padecer una enfermedad coronaria y son más propensas a sufrir asma, artritis o úlceras. Estar cabreado con la vida puede llevarte al otro mundo incluso más que fumar o tener la tensión o el colesterol elevados Si estar enfadada te mata, estar estresada te enferma. El estrés daña tanto a nuestro sistema inmunológico que acelera la metástasis en casos de cáncer, te protege peor de las infecciones víricas, favorece la formación de trombos, fomenta la manifestación de la diabetes I y II, desencadena ataques de asma, contribuye a la ulceración e inflamación del tracto gastrointestinal y te hace más proclive a contraer enfermedades infecciosas como la gripe, el resfriado y el herpes.
En cambio, cuando estamos alegres una fiesta bioquímica inunda nuestro cerebro, y la dopamina y la serotonina contribuyen a que éste funcione mejor. Los químicos del éxito mejoran nuestra memoria y nos hacen más inteligentes: nos ayudan a asimilar información, archivarla correctamente y utilizarla cuando la necesitamos; facilitan que pensemos más rápido y encontremos nuevas soluciones; mejora la eficacia sensorial de forma que el cerebro «ve» más cosas y se expande nuestra visión periférica; y rendimos mejor académicamente. Estar bien favorece que lleguemos más lejos en los estudios—y a mayor nivel de estudios mayor nivel de ingresos — y que seamos mejores profesionales.
Las personas felices son menos conflictivas y cometen menos crímenes. Como están en paz consigo mismas no buscan hacer la guerra con el mundo. Cuanto más feliz eres mayor es la probabilidad de tener mejores amigos; de llevarte mejor con tus compañeros y de sentir que puedes contar con ellos en caso de necesitarlos. Y también de tener pareja.
Las personas dichosas permanecen más tiempo casadas. Por una parte, porque como las emociones se contagian, sus parejas se sienten mejor al estar junto a alguien optimista. Por otra parte, como no andan tristes, no pueden culpabilizar a sus convivientes de un pesar inexistente. Así, ¿por qué te van a dejar si contigo están mejor que solos?, ¿por qué vas tú a plantearte terminar una relación si te encuentras bien?
La formación en psicología positiva no solo sirve a los individuos, sino que es una magnífica inversión para los países. Las personas gozosas: disfrutan de mejor salud y consecuentemente gastan menos en sanidad; ganan más dinero, así que pagan más impuestos; son menos conflictivas y litigiosas, por lo que desatascan los juzgados. Son una bendición para los demás, no sólo porque crean más riqueza y consumen menos recursos públicos; sino porque, además, se involucran más en la mejora de la sociedad y participan más en organizaciones de voluntariado. Si quieres disfrutar de más salud, dinero y amor, trabaja en tu alegría.