Es uno que va a casa de un amigo y llama a la puerta. Nota que han ojeado por la mirilla pero no abren. Llama una vez más, sin éxito. Sorprendido, decide golpear más fuerte y gritar: «Abre, soy Toni. ¿No me conoces?». «Por eso que te conozco, no te abro.»— replica su amigo desde dentro.
Ese chiste lo contaba mi tío Vicente, que era de la cuadrilla de mis padres. El domingo era el día más feliz de la semana para ellos. Quedaban en el chalet de alguno de sus amigos y pasaban el día juntos. Los hombres amaban comer (menudas barrigas tenían), a ellas les encantaba charlar, a todos les complacía compartir. Y a mí, estar con ellos. Esos días no solo eran dichosos porque no trabajaban, sino por lo mucho que reían. En la cuadrilla había dos señores muy graciosos, Emilio Giner «el Roig» y Pepe Balaguer; guarnicionero y mecánico de profesión, respectivamente. El humor del primero era más burdo, el del segundo más fino. Parecía un dúo de humoristas clásico sobre un pequeño escenario. Hacían imitaciones y contaban anécdotas personales. También chistes variados: buenos y malos; cortos y muy largos; verdes, blancos y negros. Aún recuerdo el volúmen y timbre de las risas que cada tarde soltaban las mujeres del grupo. Esas tardes fueron deliciosas para ellos, y para mí.
En Andalucía dicen que alguien tiene mucho «arte» cuando tiene carisma y chispa. Hacer reír debería ser considerado el décimo arte, pues quien es capaz de arrancarnos una carcajada con un comentario irónico, una historia ocurrente o un chiste gracioso, se merece el titulo de «artista».
Nos gusta reír porque nos pone alegres. Cuando lo hacemos, o incluso si solo sonreímos, nuestro cerebro se inunda de endorfinas. Un sentido del humor sano, y no borde, ayuda a mantenernos optimistas y con un buen estado anímico. Alejados de la tristeza, tomarnos la vida con una sonrisa nos aleja del estrés y nos hace más resilientes, y hasta puede ayudarnos a sobrellevar mejor los momentos difíciles, incluso la muerte de nuestra pareja.
Esa capacidad de ver el lado irónico y gracioso de las cosas nos acerca al éxito, pues también nos hace más eficaces. Un experimento comprobó que ver un vídeo gracioso durante unos minutos mejoró el rendimiento en tareas que requieren ingenio y creatividad. Un estudio similar concluyó que memorizamos mejor tras haber visto algo gracioso. Utilizar la ironía agudiza nuestro propio ingenio y estira el cerebro del que nos escucha, así, nos hace más inteligentes a emisor y receptor. Quizás por ello, la fortaleza de carácter denominada «apreciación del humor» correlacione con la inteligencia emocional y la sabiduría.
El ingenio y la chispa nos hace más sexis, carismáticos y mejores líderes. El sentido del humor es muy apreciado tanto por hombres como mujeres a la hora de buscar pareja. Por otra parte, es una señal de inteligencia social y competencia emocional, lo cual aumenta la percepción de ser merecedores de confianza. Los directivos con humor son percibidos como más carismáticos, confiables y eficaces; y un ambiente «relajado» ayuda a cohesionar los equipos, pues fomenta la cantidad y calidad de la comunicación, la motivación y el compromiso.
El ingenio y la gracia mejoran nuestras relaciones de pareja. Las parejas que se ríen juntas están más satisfechas con su relación que las que no, en ello influye mucho que tu pareja te perciba como una persona graciosa. No sorprende que se fortalezcan sus vínculos y se separen menos. El humor se correlaciona con valores altos en las escalas que miden los niveles de intimidad, confianza y amabilidad de las personas.
Tú también puedes aprender a tener más «arte». La mejor forma de hacerlo es mimetizarte de «artistas», y exponerte más a personas y situaciones divertidas: suscríbete a canales de monólogos; mira comedias; y júntate a menudo con tus amigos más graciosos. Luego, tendrás que habituarte a usar la ironía como un recurso habitual de comunicación y terminar algunas de tus frases con una risa. Como ésta es contagiosa acabarás provocando sonrisas a tu alrededor. El humor volverá más tolerante a tu pandilla, quizás no sea políticamente correcto reírte de los estereotipos típicos ni de los defectos de la gente, pero yo creo que el humor si se utiliza desde el amor nos engrandece. Charlie Chaplin nos dice: «Un día sin reír es un día perdido». Yo pienso hacerle caso.
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