Elena se llamaba y me encantaba mirarla. Todos los domingos la veía en la discoteca. Me gusta como vestía, cómo se movía y la vibración que transmitía. Dos inviernos duraría aquel amor platónico.
María José se llamaba y me encantaba observarla. Todas las tardes iba a la playa a verla jugar a las palas en su bañador rojo. Antes de averiguar su nombre, le puse uno propio: “la meua xiqueta” (mi niña). Me gustaba su pelo, su sonrisa, su postura y, sobre todo, su compostura. Dos veranos duró aquel amor platónico.
Nunca tuve el valor de cruzar una sola palabra con ninguna de las dos. No podía soportar que pudieran rechazarme. Al fin y al cabo, tampoco es tan malo vivir un amor platónico, nunca sufres demasiado con él.
Mari Carmen se llamaba y al verla bajar por la escalera de la facultad me quedé loco. Me gustó su mirada, su cabello y las curvas de su cuerpo. Coincidimos en el comedor. Para entonces ya había escuchado muchas veces a mi madre decir que “de los cobardes nunca se ha escrito nada”, y lo tenía interiorizado. Ella se levantó a la barra a pedir un café, me apresuré a escribir en un papel mi nombre y el número de teléfono de mi casa y se lo entregué sin haber cruzado antes una palabra con ella. Esa misma noche telefoneó a mi casa. Estuvimos casados 20 años.
Todos hemos sido presa del miedo alguna vez. Cerca de la mitad de mis estudiantes manifiesta que por miedo a suspender no se ha presentado alguna vez a un examen. Obviamente, todos suspendemos los exámenes a los que no nos presentamos. La vida tiene mucho que ver con “presentarse” a vivirla y, a veces, el miedo nos impide “presentarnos” a vivir experiencias que nos atraen pero nos asustan. Aprobar determinados exámenes de vida, te permite, como en el colegio, pasar a un nivel superior. Pero es imposible ascender si no acudes a la base de la montaña el día de la escalada.
Es por ello que el miedo nos daña doblemente: por una parte, sentir miedo es desagradable y perturbador, vivir con temor es una mala forma de vivir; pero además de fastidiarte el presente, el miedo ensombrece tu futuro. Presas del miedo dejamos de aventurarnos a transitar senderos por lo que nos haría felices pasear. Hay quien no cambia de ciudad, trabajo o pareja, por miedo. Hay quien no se lanza a estudiar, bailar o viajar, por miedo. El miedo nos paraliza.
“Courage is rightly esteemed the first of human qualities… because it is the quality which guarantees all others” dijo Winston Churchill, y estaba en lo cierto. Si no tienes el valor de atreverte a perseguir tus sueños, nunca sabrás si hubieras sido capaz de alcanzar tus deseos. Confío en que al leer que al haber leído que mi madre daba los mismos consejos que Churchill, te animes a seguirlos.
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