Si me miro al espejo y me veo guapo, me alegro; en cambio, me disgusta observarme cuando mi cara está apagada, mi pelo desarreglado o mi cuerpo sobrepesado. También me encanta que me piropeen: “che, qué joven y qué guapo estás hoy” (en eso me parezco a Pedro Sánchez), y no conozco a nadie que no le guste que le digan que está guapo.
Nos vestimos para una boda y nuestro ánimo se transforma a la vez que nuestro vestuario, es raro encontrar a alguien que no le influya la ropa que se pone o cómo se peina, pues nos gustamos más vestidos de una manera que de otra. Y gustarnos, nos gusta.
Haces ejercicio físico, te pones a meditar o sales de bares con los amigos, y de inmediato tu bioquímica se transforma y recibes un subidón de positividad. Sin embargo, y aunque no existe ninguna evidencia de que ponerte guapo te provoque el mismo efecto, las personas atractivas están más satisfechas con sus vidas que la media. La explicación hay que buscarla en las ventajas que ser bello te reporta en tus interacciones sociales: solemos tratar mejor a las personas atractivas, muchas veces de forma inconsciente. Y lo hacemos porque todos nos sentimos mejor rodeados de belleza. Nos agrada escuchar una linda melodía, contemplar un paraje majestuoso, habitar una casa de diseño o admirar una bella escultura; también, rodearnos de cuerpos esculturales y caras bonitas.
Que los guapos y guapas tienen más fácil encontrar novia, lo sabemos desde el instituto. Pero existen otros rasgos que pasan más desapercibidos y que benefician a quienes los poseen, son ventajas absurdas e injustas, pero inconscientemente se las otorgamos. Así, los chicos altos y/o con voz grave tienen más probabilidades de llegar más alto en el mundo profesional. La evolución prima que busquemos parejas que nos protejan mejor y resulten más masculinas, y los chicos altos suelen ser más fuertes y la voz grave se correlaciona con niveles más altos de testosterona. Hasta los machos de otras especies gritan o gruñen más gravemente cuando se enfrentan a otros o compiten por una hembra. Las ventajas de ser alto son tan absurdas que si mides más de 1,83, tienes 3 veces más posibilidades que la media de llegar a presidente de una gran compañía, pero si mides más de 1,88 éstas se multiplican casi por 10. A la hora de elegir presidente, incluso de un país, parece que elegimos al caballo grande, ande o no ande (y no lo digo solo por Sánchez).
La gente atractiva disfruta de un halo que les hace brillar incluso cuando no son brillantes: parecen más inteligentes, trabajadores y responsables. Este fenómeno comienza a suceder desde niños, se traslada al colegio y la universidad y prosigue en el mundo laboral. Su look les recompensa de variadas formas: sacan mejores notas y son mejor evaluados en las entrevistas de acceso a la universidad; es más probable que les llamen para una entrevista de trabajo (si envías Curriculums Vitae exactamente iguales cambiando la foto, adivina a quién llaman antes); y es más fácil que les contraten. Pero una vez dentro de una empresa, la gente atractiva disfruta de salarios más altos, los atractivos acaban ganando entre 10% y un 15% más a lo largo de sus carreras profesionales. Hasta damos mejores propinas a los camareros y camareras más atractivas.
La gente atractiva nos parece más de fiar y creemos que los guapos son más honestos, los jueces también lo hacen. Se pidió a un grupo de voluntarios que observara fotos de personas y que calificaran cuán atractivas eran; todos habían cometido el mismo delito, pero los más favorecidos habían recibido penas más bajas. Quizás por ello, los malos de las películas son feos y los guapos, los buenos. Como empresario podría tener sentido elegir a los guapos si realmente fueran más honrados, pero éstos no tienen por qué serlo. En otras ocasiones, sí ofrece ventajas contratar a alguien por el mero hecho de ser atractivo. A los clientes, como a todos, les gusta observar belleza; por ello, si los que venden o atienden al público son guapos, mejor (algo que saben bien en Zara y en las discotecas).
Las personas atractivas tienen mejor carácter para con los demás. Existe correlación entre la presencia de rasgos de personalidad socialmente deseables, como la extroversión, la estabilidad emocional y la ambición, y cuán atractiva es una persona. Los atractivos también suelen tener más confianza en sus habilidades sociales. Correlation is not causation, pero si hubiera que apostar si ser atractivo ha modelado tu personalidad o si tu personalidad ha condicionado tu atractivo, apostaría por lo primero. Ser guapete desde niño puede haberte favorecido tanto en tus interacciones sociales que te haya convertido en una persona socialmente más segura.
Es difícil volverte más guapo, pero es fácil convertirte en alguien más atractivo. Hay feos atractivos, como Javier Bardem, y guapas sin ninguna gracia (aquí dejo que el ejemplo lo pongas tú), y lo contrario. La cara es solo una pequeña parte de nuestro look y todos podemos mejorarla: puedes modularla con un corte de pelo más favorecedor; colorearla para maquillar tus defectos y resaltar tus virtudes; y adornarla con una sonrisa. No solo nos parecen más atractivas las caras que sonríen, también pensamos que pertenecen a personas que gozan de buena salud.
También, puedes ponerte fuerte para parecer vigoroso, cuidar tu postura para estilizarte, vestir mejor para tener “rollo”, utilizar complementos para ser chic, perfumarte para tener más arte (y despertar más deseo sexual), saludar con energía para mostrarte seguro, mejorar tu sentido del humor para ser divertido, hablar mejor para parecer inteligente o aprender a bailar para resultar sexy. En Brasil me dijeron que “beleza não é sensualidade” (la belleza no es sensualidad) para explicarme que les va mejor a los que son sensuales que a los guapos. Puede que no haya cursos de samba en tu ciudad, pero sí clases de salsa.
Deja una respuesta