Sabía que era guapa y elegante, pero me quedé loco al descubrir que era mal hablada y divertida. Rara vez acontece que todo sea tan fácil y natural con una persona, hasta el punto de que sientes que ha nacido para ser parte de tu vida, y cuando esto sucede te quedas desconcertado. Que te das cuenta que con ella puedes hablar durante horas y reír sin motivo, es intuición; que a su lado te sientes libre y auténtico, y puedes mostrarte sin tapujos como eres, es la confirmación; que una sucesión de serendipias imposibles se encadenan, es la certificación. En una novela leí que todos tenemos un alma gemela, debía estar ante ella.
Pero lo nuestro era un amor imposible. Podría vivir un affaire con ella, pero no ser su pareja. Hay veces que la vida te trae lo bello y lo feo en el mismo lote, para que goces y sufras en la misma medida. Quería no pensar en ella, pero me era imposible. Mi mal duró demasiados meses, quizás cerca de dos años. Cada día libraba una batalla con mi mente. Quería quitármela de la cabeza, pero siempre, a alguna hora acababa rondándome por ella. Consideraba un logro que ese momento fuera cerca de la noche y una victoria que pensarla llegara justo antes de dormir, logros que cuando acontecían, me satisfacían.
Un día, como sin darme cuenta, sucedió. Durante más de veinticuatro horas, ella no apareció por mi mente. Y me sentí libre. A partir de entonces, podría elegir pensar en ella o no, según mi voluntad. En esa fecha, dejé de ser esclavo de mis pensamientos y pasé a ser dueño de los mismos. Cuando vives algo así comprendes que el maestro Joaquín Sabina cantara: «tanto la quería, que tardé en aprender a olvidarla, 19 días, y 500 noches».
Desconozco si algún mal de amores te ha llevado a librar alguna larga guerra contra tu mente, o si tus batallas han tenido más que ver con preocupaciones económicas, familiares o de salud. Lo que sí sé es todo el mundo hemos sufrido de pensamientos compulsivos, que agitaron nuestros días y convulsionaron nuestras noches. Un mal que es como un martillo pilón que te golpea cada pocos minutos la cabeza, no te daña a porrazos pero sí a tormentos.
Por mucho que intentes amarrarlo con los ramales, un caballo desbocado te sobresalta y se dirige hacía donde le place. Ni aún cegando la res con anteojeras conseguimos dirigirla. La mente es igual de tozuda, y, con frecuencia, va por libre. Nuestro intelecto también parece tener vida propia, cual yegua loca.
Con nuestros pensamientos sucede un poco como con los sueños. Son una obra de teatro con vida propia. Se nutren de los mismos personajes cotidianos, y se adornan de nuestras experiencias de vigilia, pero no somos capaces de controlar el guión. Vivimos dos vidas paralelas a la vez, la de los acontecimientos reales y la de los procesos mentales. Nuestra dicha depende más de los segundos que de los primeros.
Así comienza el capítulo dedicado a la Mente de mi libro Rock your Life. En el mismo te concienciarás de que pensar demasiado es fatal y que si dejas de hacerlo muchos de tus problemas desaparecerán. Incluyo técnicas para calmar tu mente y pensar más bonito.
También lo acompaño de perlas de sabiduría para que tu diálogo interno te ayude, aprendas a ser dueño de tu atención, dejes de preocuparte por lo que no tiene solución y estés más tiempo aquí y ahora.
Pronto te informaré de dónde puedes encontrar mi nuevo libro “Rock your Life. Revoluciona tu vida de forma divertida y científica”. Es la obra de mi vida. Incluye más de un centenar de historias personales acompañadas de 400 referencias a estudios científicos. Porque cuando ciencia y conciencia coinciden, conviene escuchar.
Pero es mucho más que un libro ameno y escrito con esmero. Es un curso práctico con acceso gratuito a un manual de 150 ejercicios. No te puedo asegurar que realizarlos te llevará adonde quieres llegar, pero sí que te hará más eficaz y feliz.
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