Llevaba 10 años asistiendo a los cocktails que algunas bancas de inversión denominan The year ahead (el próximo año). Además de agasajarte, un conferenciante, que suele ser economista, habla sobre la previsible evolución de los mercados financieros en el año que entra. Luego, los bancos suelen presentarte un abanico de fondos de gestión activa como mejor opción para aprovechar las tendencias económicas. Éstos son un conjunto de acciones de empresas seleccionados por analistas de las que espera una atractiva rentabilidad. Te cobran una comisión del 1,5% anual sobre la cantidad de dinero que inviertes en ellos porque se supone que eligen comprar las compañias cuyo valor crecerá más. Existen otros fondos que los bancos no te suelen ofrecer, se llaman indexados o de gestión pasiva. Se llaman así, porque detrás de ellos no hay nadie tomando decisiones. El valor de los mismos sube o baja conforme, por ejemplo, lo hace el total de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos. En este caso, la comisión es solo el 0,3% (cinco veces menos que los primeros). Resulta que entre 8 y 9 de cada 10 de los fondos de autor ofrecen peores resultados en un período de 15 años que los indexados , y a más largo plazo solo existe un 7% de probabilidad de que los primeros batan a los segundos. Esto se produce en gran medida porque los últimos se benefician de forma automática y sin ningún límite del incremento de valor de las compañias, en cambio, la regulación legal de los primeros limita la cantidad que puedes mantener invertida de una sola empresa.
Mi madre me decía con frecuencia que «el saber no ocupa lugar» para animarme a acumular conocimientos. Sabía que éstos me ayudarían a vivir mejor. Estaba en lo cierto, cuanto más sabemos de algo, más probable es que nos vaya bien en ello. No sorprende que las personas que saben de finanzas sean más ricas, los nutricionistas estén más sanos y los informáticos mejor conectados. Conforme más enriquezcas tu mapa del mundo, más acertado resultará dejarse guiar por él.
Muchos de los mayores avances científicos se produjeron cuando supimos la verdad acerca de cómo eran algunas cosas. En 1543, Copérnico prueba que el Sol no gira alrededor de la Tierra sino al revés y apuesta a que la tierra es redonda. En 1687, Newton publica Philosopiae Naturalis Principia Mathematica donde desarrolla principios de cálculo diferencial, mecánica y gravedad que cambiaron la ciencia. Durante 1859, Darwin publica El Origen de las Especies y elabora la teoría de la evolución. En 1864, Maxwell establece los principios de la fuerza electromagnética, en la cual se fundamenta una buena parte de la tecnología moderna. En 1900, Planck da a conocer su investigación sobre la radiación del cuerpo negro y da comienzo al estudio de la mecánica cuántica. Durante 1905, Einstein desarrolló la teoría especial de la relatividad, el comportamiento del espacio-tiempo con respecto a objetos que se muevan a velocidades cercanas a la luz y, entre 1915 y 1916, la teoría general de la relatividad, que vincula la gravedad con el espacio-tiempo. Deshacernos de los antiguos paradigmas acerca de la realidad física, hizo avanzar a la ciencia y contribuyó a mejorar el mundo. Sin una visión novedosa, no hubiera habido evolución. De forma análoga, muchos solo mejoran sus vidas cuando comienzan a mirarlas con lentes nuevas.
Pero nuestras lentes no son de quita y pon. No es tan sencillo librarte de ellas y salir de tu particular Matrix. El emperador Teodosio, promulgó el 27 de febrero del año 380 el Edicto de Tesalónica. Prohibió el culto a las deidades olímpicas y animó a seguir a Cristo. Me temo que la mayoría de los ciudadanos romanos solo le harían caso en la escena pública, y muchos ni eso. No se pueden cambiar las creencias por decreto. Y menos en cuestiones de fe. Más fácil es despojarte de tus convicciones y abrazar otras nuevas si sientes que éstas no son un dogma.
La falsedad suele traer más dolor que la veracidad. El reloj marca la hora equivocada, y pierdes el avión. El tablero de a bordo del coche indica mal el nivel del depósito de gasolina, y te quedas tirado en la carretera. El médico se equivoca con el diagnóstico, y puede matarte. Descubrir la verdad sobre los fondos de inversión me dolió y me alegró al mismo tiempo. Me apenó haber perdido tanto dinero durante años, me satisfizo haber encontrado un camino mejor. La lectura de este libro, y con ella descubrir los caminos científicos a la felicidad, puede entristecerte y entusiasmarte a la vez. Si miras a los años que “perdiste” te lamentarás; si miras a los que te quedan por venir, te ilusionaras. «La verdad os hará libres» dijo Jesús. Con suerte, también felices. Nunca es tarde si la dicha es buena.
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