Debía ser el año 2000. Me acosté y no conseguía dormirme, entonces no era muy hábil liberándome de los bucles de preocupaciones que con alguna frecuencia me asaltaban (veinticinco años de práctica después, tampoco lo consigo siempre). Decidí levantarme e ir al salón a ver la televisión. Como es raro que emitan nada que me interese, prestar atención a la pantalla vaciaba mi mente de cavilaciones y hacía que me durmiera rápido. Ese día, me encontré con «Negro sobre blanco», un programa presentado por el escritor Fernando Sánchez Dragó dedicado a la literatura. La base del mismo era el análisis de obras literarias e incluía un coloquio con escritores y personalidades vinculadas a la cultura. Me uní a la tertulia de esa noche cuando ya llevaba un rato comenzada y nunca supe sobre qué obra versaba, lo que sí se me quedó grabado a fuego fue la siguiente frase de Sanchez Dragó: «el Tao Te King y la Bhagavad Gita son los mejores libros de autoayuda jamás escritos».
Por entonces estaba tan enganchado a la lectura de libros de desarrollo personal, que esa misma semana adquirí ambas obras. Cambiaron mi vida. Desde que dejé de tomar clases de religión en el instituto, no había leído nada relacionado con la espiritualidad. A partir de ese momento, el budismo, el taoísmo, el budismo zen o el vedanta advaita son parte central de mi filosofía de vida, y la meditación uno de sus pilares.
Somos los libros que leemos y, también, los que no. Al Tao Te King y la «Guita», le siguieron decenas de clásicos de la espiritualidad oriental, cientos de horas de escuchar charlas de grandes maestros y un par de retiros de meditación. Una noche de insomnio puede transformar tu vida para bien.
Los libros son una inversión magnífica de tiempo y dinero. En unas decenas de páginas que leemos en unas horas, y por unos pocos euros, las personas más inteligentes y formadas del mundo nos regalan conocimientos y experiencias que les llevaron décadas de adquirir. Algunos textos pueden ser un atajo al éxito. Muchos son una colección de ideas y sistemas que funcionaron a sus autores y que pueden servir para mejorar tu propia vida. Unos son compendios de conocimientos que puedes aplicar, otros te explican cómo funciona este mundo.
Leer mejorará tu capacidad de concentración, memoria y análisis. Comprender un libro de no ficción te obliga a memorizar los datos relevantes, a conectar la información nueva con el material previo, a distinguir lo importante de lo accesorio y a alcanzar conclusiones lógicas. Seguir un libro de ficción te exige conocer y evaluar a los diferentes personajes, sus antecedentes y ambiciones, debes recordar quién hizo qué, las relaciones existentes entre ellos, intuir cómo es el mundo interior de cada uno, y te obliga a anticipar varias posibilidades de futuro. Así, la lectura mantiene vivas y en buen forma las áreas del cerebro responsables del lenguaje hablado y de la imaginación visual.
Los libros no solo te hacen más inteligente, también más sabia. Cuanto más lees, más sencillo te resulta hacerlo aprisa y comprender textos diferentes. La información va dejando poso en el subconsciente, y los conocimientos que un día adquiriste se conectan los nuevos conocimientos.
Los libros también pueden mejorar tu salud mental, y traer más paz a tu vida. Cuando te abstraes en un texto, toda tu atención se pone en sus páginas y no hay espacio para escuchar la vocecita en tu cabeza que te recuerda tus problemas. Leer puede ayudarte no solo a dejar tus preocupaciones por un momento, sino también a obtener una nueva perspectiva sobre ellas. Leer durante seis minutos puede reducir el estrés hasta en un 68%. De hecho, relajarse leyendo lo reduce más rápido y mejor que otros métodos comunes para combatirlo, como escuchar música, salir a caminar o tomar una taza de té.
Los conocimientos que adquieres te convierten en un conversador más interesante y, por tanto, en mejor compañía. Podrías pensar que leer es algo propio de gente solitaria, un rasgo de personalidad asociado a personas infelices, pero resulta que quienes lo hacen con frecuencia participan más en organizaciones cívicas y asisten a más actos culturales 92.
Leer nos hace imaginar historias. Pero a tu cerebro le cuesta distinguir entre la realidad y la ficción, y cuando fantasea siente que lo está viviendo. Durante un sueño o viendo una película, seguro que alguna vez, has sentido miedo (o te has excitado sexualmente). Eso sucede porque cuando imaginamos una escena, se estimulan las mismas regiones cerebrales que al vivirla. Si quieres vivir cien vidas diferentes, lee cien biografías. Los libros te posibilitan experimentar diversas formas de entregarte al amor, vivir aventuras, enfrentar la desgracia o pelear por el logro. Las historias te posibilitan conocer más personas (y más interesantes) de las que podrías conocer en persona. Ya dijo William Styron: «Un gran libro debería dejarte con muchas experiencias, y un poco agotado al final. Vives varias vidas mientras lees».
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