Estaba celebrando en casa, como cada año, mi cumpleaños con la cuadrilla del pueblo. Mi primo Jordi era el encargado de cortar el jamón bien finito; estando en la faena y a punto de tener que darle la vuelta, comentó que “hacía ya 15 años que nosotros habíamos dado la vuelta a nuestras vidas”, pues se supone que a los 40 años uno cruza el ecuador de su existencia. Me apresuré a filosofar: “Ojalá tuviéramos 55 años (que son los que yo había cumplido). Los años que decimos tener son en realidad los que ya no tenemos, solo tenemos los que nos restan por vivir”.
El subconsciente sabe que los únicos años que tenemos son los que están por llegar, que el pasado no importa demasiado, y que el futuro es lo único relevante. Por ello, cuando no eres capaz de vislumbrar un porvenir luminoso, te vienes abajo. Los terapeutas afirman que somos fruto de las experiencias vividas y tienen parte de razón, pero lo cierto es que la felicidad depende de más cómo interpretamos lo que vendrá que de aquello que nos ocurrió tiempo atrás. Una perspectiva desesperanzada de lo que está por llegar causa más depresión que un pasado traumático o un presente estresante. La teoría psicológica clásica creía que las personas pasamos mucho tiempo rumiando lo que ya hemos vivido, pero no estaban en lo cierto. Un estudio concluyó que: invertimos el triple de tiempo en imaginar el futuro que en darle vueltas a los recuerdos; miramos atrás para aprender y avanzar; confíamos en que las cosas nos van a salir bien el doble de veces que pensamos que irán mal; y nos sentimos mejor y menos estresados cuando estamos haciendo planes.
Raro es que a lo largo del año encontremos un tiempo que nos permite disfrutar del “aquí y ahora” y, a la vez, nos deje espacio mental para imaginar y diseñar nuestro porvenir. Las vacaciones nos vacían de ocupaciones, y también deberían limpiar nuestra mente de preocupaciones. Así encontraríamos hueco para imaginar un porvenir ilusionante y trazar la hoja de ruta que nos acerque a él. Los maestros espirituales nos insisten en que nos mantengamos en el presente, pero a veces conviene mirar al mañana.
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