Madrugué y comencé la mañana visitando el bosque de bambú de Arashiyamna. Como era temprano estaba solo, y pude disfrutarlo en completo silencio. Me sorprendió cuan armónico y hermoso era. A la vez, comenzó a inundarme una deliciosa sensación de paz. A continuación, me acerqué al Templo Tenryuji, que destaca por el esplendor de su jardín, del que es pieza central el estanque. Es la muestra más célebre del shakkei, una técnica que integra la arquitectura con la belleza del entorno, en este caso las vistas de las dos colinas que rodean al complejo, en el propio parque.
Retorné a la zona este de la ciudad, donde se encuentran la mayor parte de los monasterios de la ciudad y el Palacio Imperial. Disponía de todo el día para visitar los edificios sagrados y sus jardines. Sin una ruta predeterminada, ni mucha idea de cuáles eran los templos más destacados, entraría en algún santuario y meditaría frente a la estatua de Buda. Decidí dejarme llevar.
El azar hizo que comenzara por el complejo de Kiyomizu-dera y que entrara al mismo por la zona del santuario Jishu. Tras las empinadas escaleras y el arco de entrada, te encuentras con un conjunto de casitas, puestos y construcciones ornamentales. La presencia de turistas y de señoritas vestidas de Geisha, te hace presagiar que el Kiyomizu-dera no es un templo cualquiera. Se muestra majestuoso por encontrarse localizado en pleno bosque de la falda del monte Otowa; su edificio principal sobresale de la colina y está sostenido por cientos de pilares de madera. El templo toma su nombre de las cascadas del complejo que bajan de las colinas cercanas. Kiyomizu significa agua pura. Debajo de la sala principal se encuentra la cascada Otowa-no-taki, donde tres canales desembocan en un estanque. Un agua que según la tradición posee propiedades terapéuticas: beber de ella proporciona salud, longevidad y éxito en los estudios.
No sé si haber bebido de esa agua me regalará una vida más larga, lo que sí sé es lo que sentí conforme me acercaba al estanque. Si en el bosque de bambú me embargó una sensación de paz, aquí me envolvió una energía espiritual. Nunca jamás en mi vida, había vibrado de esa manera. Tras Kiyomizu-dera, paseé por el conocido como camino de la filosofía, y fui vagando de templo en templo el resto del día. Medité durante una media hora sentado frente a una gran estatua de Buda que se encontraba en el altar de un santuario. Luego me colé en un monasterio, y me senté durante un buen rato detrás de unos monjes que recitaban sutras. Conseguí vibrar con ellos.
Embriagado de paz y removido por dentro, comprendí por qué los maestros elegían esas colinas para levantar los grandes monasterios de sus cultos. Esa noche en el hotel me vino a la cabeza una frase que me acompañó por unos días: «si alguien que no cree en Dios viene a Kioto, le entrarán dudas».
Los japoneses llaman Shinrin-Yoku, «baño de bosque» o «absorber la atmósfera del bosque» a algo similar a lo que realicé ese día. Shinrin-Yoku es pasear en silencio entre árboles inmemorables y tomarse el tiempo para: observar la belleza de los colores y las formas; sentir la textura de las hojas; escuchar el viento, los pájaros y los animales; respirar profundo y disfrutar de los olores herbales. Una práctica ancestral de tradición budista y sintoísta que practican más de dos millones de japoneses, que se ha demostrado que disminuye los niveles de cortisol, el pulso, la tensión arterial y la actividad del sistema nervioso simpático y aumenta la del parasimpático, lo que reduce el estrés y mejora la respuesta inmunitaria.
La mayoría no podemos pasar el día paseando por el bosque o quedarnos a vivir en un monasterio de Kyoto, pero sí elegir mejor a dónde y quién nos acercamos. Los espacios de los que te nutres, influyen en cómo te sientes, en la salud que disfrutas, en cuánto tiempo vives, y en los resultados que logras. Pero tu «entorno» es mucho más que lugares, también nos envuelve la música y el ruido, nos rodea lo feo y lo bello, y nos acompañan los libros que leemos, las noticias que escuchamos y las personas que frecuentamos. Así que, cuidado con lo que te rodeas.
Así comienza el capítulo dedicado al Entorno de mi libro Rock your Life. En el mismo te concienciarás de cuánto nos influye aquello de los que nos rodeamos y qué podemos hacer para crear un entorno nutritivo.
No solo te sorprenderán los efectos beneficiosos de la naturaleza, la música, el orden o la belleza. También descubrirás lo que te perjudica y lo que te condiciona. Seguro que después de su lectura te vuelves más cuidadoso y selectivo de aquello que decidas que te acompañe en la vida.
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